Raquel Welch

Raquel Welch

La Diva Inolvidable

Saltó a la fama como una mujer prehistórica en bikini y su carrera estuvo marcada por una lucha constante contra la discriminación y el olvido. Ganó su espacio en una época donde las estrellas voluptuosas y opinantes dominaban Hollywood.

La trama era tan poco rigurosa y deschavetada que provocaba gracia. Y significó más de una discusión en el estudio para determinar como sería promocionada. El bikini de piel de ciervo que cubría el cuerpo “prehistórico” de la modelo conocida como Raquel Welch en “Un millón de años antes de Cristo” era la imagen potente, perturbadora e inolvidable que catapultaba a una nueva diva a un escenario, donde Brigitte Bardot, Sophia Loren y Jane Fonda ya habían inaugurado la era de las figuras voluptuosos que sostenían personalidades fuertes y controvertidas. Aunque solo Raquel sería recordada como “El cuerpo” hasta el día de su muerte, a los 82 años.

Raquel Welch

En la película que la lanzó a la inmortalidad, Raquel tenía apenas tres parlamentos. Y los seres humanos convivían con los dinosaurios. Nada de eso importaba a la luz de su imborrable irrupción en la pantalla grande, cuando corría el año 1966 y el mundo se aprontaba para una revolución importante donde la opinión femenina cobraba valor, mientras se quemaban sostenes en la calle para dar cuenta de un nuevo orden.

La mujer del bikini ya era madre de dos hijos y se había divorciado de su primer esposo, del cual solo quedó el apellido que la acompañaría por siempre, porque su verdadera identidad era Jo Raquel Tejeda, nacida en Chicago, hija de un boliviano. Tenía trabajos previos -incluido uno con Elvis Presley- mas su destino parecía ser modelo. Con la etiqueta puesta en su primer rol, Raquel confesaría en su biografía “Beyond the cleavage” que jamás se sintió ni discriminada, ni acosada, ni encasillada. “Era lo suficientemente grande y madura para saber qué quería para mi vida y la forma en que iba a lograrlo. No soy estúpida: supe desde siempre que lo mío no sería Shakespeare”. 

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La firmeza de carácter venía de su hogar, aseguraba. Su progenitor fue Armando Carlos Tejada Urquizo, un ingeniero aeronáutico boliviano que se radicó en Estados Unidos. Venía, claro está, de una familia influyente en su país, pues era pariente de Lidia Gueiler Tejada, la primera fémina que alcanzó la presidencia en la convulsionada política boliviana, en 1979. Su madre, Josephine Sarah Hall, era de ascendencia estadounidense-irlandesa, y pese a dedicarse a las labores del hogar tenía una carga académica que siempre se hizo notar en la educación de sus hijos. 

Raquel Welch

Raquel explicaba que “cuando tienes ascendencia anglosajona y latina, tu lado hispano prevalece. Tiene que ver con tu temperamento y con tu esencia. Creo que era más sensual que muchas de las chicas de mi escuela. No creo que poseía nada especial, no obstante, podía ver que tenía algunas cosas en mis cromosomas, notaba claramente la sangre de mi padre; la diferencia, más que en el cuerpo, estaba en la mente. Mi personalidad siempre destacó, donde quiera que estuviera”. Irónicamente, jamás aprendió a hablar en español, porque su papá quería que se adaptara cabalmente a su nueva cultura.

Lo único que lamentó siempre fue que no le permitieran desarrollar su talento para la comedia musical, que fue un sueño hasta que, cansada de los rechazos y de los papeles sin esencia, comenzó a producirlos por sí misma. 

Raquel Welch

Su presencia comenzó a extinguirse en la década de los 80 tras demandar a la MGM por considerarla “mayor” para la cinta “Cannery row”, por la cual había un contrato previo. Fue reemplazada por Deborah Winger, quince años menor, y el argumento del estudio fue que Raquel no aceptaba ser maquillada y peinada en el set, sino que pretendía hacerlo en su propio domicilio.

Los tribunales terminaron dándole la razón y cobró 10 millones de dólares, sin embargo, los papeles dejaron de llegar. Decidida, se reinventó a través de muchas series donde participó como estelar o artista invitada.

Raquel Welch

Pese a que siempre trató de proteger su vida privada y negó romances con frecuencia, se casó en cuatro oportunidades, siempre muy enamorada, aseguraba. Su filosofía de vida era simple y también la definió en su biografía: “Al igual que mantienes tu hogar, tu automóvil, tu jardín, debes cuidar tu mayor regalo: tu cuerpo”.

Protagonizó en 1970 “Myra Breckinridge”, sobre una novela de Gore Vidal, interpretando a un joven transexual, lo que desató una ola de críticas y polémicas. En 1974 luchó por un rol en “Los tres mosqueteros”, de Alexandre Dumas. Este musical le sentó tan bien que obtuvo el Globo de Oro a Mejor Actriz. Y en el recuento quedarán más de cincuenta películas, siendo la última en el 2017, “Cómo ser un latin lover”.

Raquel Welch

Compartió set con Frank Sinatra, Marcello Mastroianni, Robert Wagner y Vittorio De Sica. Hizo dos westerns con buena crítica, “100 rifles” y “Bandolero”, con maestros como James Stewart, Dean Martin, Peter Sellers, Ernest Borgnine, Jean Paul Belmondo, Richard Burton y Burt Reynolds.

Convertida en un ícono de su generación consiguió la inmortalidad con una historia improbable y un afiche inolvidable. Pero Raquel, dicho está, fue mucho más que eso. 

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