Hiroshima

La Carne De La Masacre

“Oppenheimer” trajo de vuelta la creación de la bomba atómica y la decisión de lanzarla sobre Japón para terminar con el conflicto. Pero no muestra las crueles secuelas sobre las víctimas. Demos un breve repaso por las películas sobre los efectos de los que pocos hablan. 

En “Oppenheimer” (Oppenheimer. Christopher Nolan. 2023) no aparecen ni japoneses ni los daños de la bomba, pese a ser una cinta centrada en el director del Proyecto Manhattan, creado por los Estados Unidos para ganar la carrera nuclear, y que terminó con los lanzamientos sobre Hiroshima y Nagasaki.

La obra se centra en los conflictos internos del físico Robert Oppenheimer y los juicios políticos que devinieron con el surgimiento de la Guerra Fría y la persecución a los comunistas iniciada por el senador McCarthy.

Antes del juicio revisionista que propone Nolan, hubo largometrajes que abordaron esta carrera bélica y, algunos de ellos, también sus efectos. Todo comenzó poco después de la Segunda Guerra Mundial con “El honor de su nombre” (Above and Beyond. Melvin Frank. 1952) que aborda la construcción de la bomba y su lanzamiento. Se focaliza en los problemas familiares que implicó para los científicos, y sobre todo los militares, quienes terminaron divorciándose en su mayoría. Olvidando, obvio, que el perjuicio de quienes recibieron el ataque fueron infinitamente mayores.

La misma temática “familiar” tuvo “Arma secreta” (Fat Man and Little Boy. Rolando Joffé. 1989) que se enfoca en los experimentos en Nuevo México para crear el arma. Oppenheimer es interpretado por Dwight Schultz y el coronel Groves por Paul Newman. Otra vez, no aparece ni un solo japonés en la trama. Ese mismo año se estrena para la televisión “Day one” (Day One. Joseph Sargent. 1989), enfocado en el aporte de los europeos en la fabricación de la bomba.

Para comenzar a hablar de los verdaderos y desoladores efectos hay que partir por “En este rincón del mundo” (Kono Sekai no Katasumi ni. Sunao Katabushi. 2016), un animé que sigue la historia de una mujer a lo largo de 10 años. Casada con un militar japonés, narra la apacible existencia antes del conflicto, el horror de la explosión atómica y la tortuosa vida posterior, en un arte de animación que provocó elogiosas críticas. También en la técnica del animé, “Hiroshima” (Hiroshima. Mori Masaki. 1983) basa su argumento en un niño sobreviviente de la tragedia. Huérfano, y con un drástico cambio de vida, es uno de los dramas mas conmovedores realizados en Japón.

En “La tumba de las luciérnagas” (Hotaru no Haka. Akiyuki Nosaka. 1988), un adolescente debe quedar a cargo de su hermana menor tras perder a sus padres y su casa en el bombardeo aliado, lo que supone una serie de renuncias y aprendizajes en medio de una sociedad sin fe, sin horizontes y arrasada por la catástrofe.

Si de realidad se trata, la primera y muy precario filme que recrea el hecho es “Los niños de Hiroshima” (Gembaku no ko, Kaneto Shindo. 1952), sobre una joven profesora que, cuatro años después de la bomba, decide volver a su ciudad natal, que trata de reconstruirse aún bajo los terribles efectos de la destrucción y la contaminación. La película ganó Cannes, y fue el primer gran alegato sobre la devastadora crisis que desató la guerra sobre los nipones.

El maestro del cine japonés, Akira Kurosawa, detalló su visión a través de los ojos de una anciana y 3 generaciones en “Rapsodia en agosto” (Hachi-gatsu no Kyōshikyoku. Akira Kurosawa. 1991). La mujer perdió a sus hijos en el ataque y debe hacerse cargo de la crianza de sus nietos en un ambiente de desolación, tristeza y mucha pobreza.

“Lluvia negra” (Black Rain. Shohei Imamura.1989) muestra descarnadamente las consecuencias de la explosión. Una joven que quiere casarse para combatir la soledad y ayudar a su sobrevivencia ve cómo cada uno de sus pretendientes va sufriendo las secuelas de la radiación que siguió a la bomba. Pronto comienza a ver en sí misma los estragos de la contaminación.

La primera versión extranjera acerca de los daños corrió por cuenta del cine francés. Con “Hiroshima, mon amour” (Hiroshima, Mon Amour. Alain Resnais. 1959) no solo se hace una profunda reflexión entre una actriz gala y un arquitecto nipón que mantienen un romance en la ciudad bombardeada a más de una década de la catástrofe, sino también a las pruebas que habían iniciado los mismos franceses en el Atolón de Mururoa, sumándose a la carrera armamentista. En la primera parte hay una recreación tipo documental de los efectos del bombardeo.

Los estadounidenses no se han dado margen para recrear la masacre de Hiroshima y su responsabilidad los únicos 2 bombardeos atómicos sobre población civil. Únicamente en “Hiroshima, más allá de las cenizas” (Out of the Ashes. Peter Werner. 1990), una producción realizada para la televisión, se registra el drama de varios habitantes en las horas previas y posteriores al ataque.

Cabe destacar que la mayor parte de las obras de ficción se centran en Hiroshima, la primera de las ciudades atacadas. Sobre Nagasaki hay muy poco. Apenas una referencia en “Wolverine: Inmortal” (The Wolverine. James Mangold. 2013), donde el personaje de los X-Men está prisionero y torturado en esa urbe a finales del conflicto. Cuando cae la bomba la radiación altera su conformación genética.

El cine de Japón, a través de una elipsis, alertó sobre los riesgos de la radioactividad con Godzilla, un animal que producto de la energía nuclear desatada se transforma en un monstruo. Muchas formas para expresar el horror de un ataque jamás repetido en la historia de la humanidad y que ahora reflota en “Oppenheimer”. 

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