Clark Gable

Entre el Cielo y el Infierno 

Fue uno de los artistas masculinos más importantes de la era dorada del cine. Su realidad, en cambio, distó mucho de los finales felices sacados de sus exitosos filmes. 

“No me siento un actor y nunca lo seré. Lo que la gente ve en pantalla es a mí, no a un personaje forzado”, respondía a quien le dijera que era “El rey de Hollywood”. Con su estampa y encanto de perfecto caballero, esa denominación le parecía exagerada y parte de un espectáculo innecesario.

William Clark Gable nació el 1 de febrero de 1901 en Cadiz, Ohio, Estados Unidos. Su padre era un hombre tozudo, trabajador de una refinería. Su madre, dueña de casa y ferviente católica, murió cuando el niño no cumplía un año.

En 1903, su papá se casaría nuevamente con Jennie Dunlap, la que lejos de ser la perversa madrastra, le dio calor al hogar de los Gable y fue cómplice del pequeño Bill -apodo dado al futuro astro-. En su adolescencia, aun siendo un chico alto y de voz grave, su timidez lo retraía, pero con la ayuda de Jennie, poco a poco, se fue tornando en un galán.

En 1918, cuando Bill tenía 17 años, Jennie falleció y una parte importante de él se fue con ella. La relación con su progenitor se haría distante. Era hora de dejar el nido.

Por ese tiempo solía asistir al teatro. Supo entonces que lo suyo era actuar y se unió a distintas compañías, con las que comenzó a recorrer el país, sabiendo que al fin tendría que conseguir un empleo más estable. Antes, conoció a la actriz Laura Hope Crews (“Angel”), quien lo había visto actuar en una de las obras. Hope no paró de hablarle de su talento, hasta convencer a Gable de que él pertenecía a los escenarios, aunque tenía que aprender la técnica de la actuación, para dejar de ser solo una cara bonita. Los consejos de la artista tocaron el corazón del muchacho, por lo que insistió en la actuación.

En Portland conoció a Josephine Dillon, protagonista de “La mujer y el monstruo” (1944), quien lo entrenaría para el papel de Adonis. Dillon pagó para que le arreglaran los dientes y el pelo. También se encargó de que aprendiera a mejorar su postura y controlar su timbre de voz. Su pupilo estaba listo para enfrentarse a Hollywood. En 1924 contrajeron matrimonio, la primera esposa de William Clark tenía 40 años, mientras que él apenas 23.

Sin embargo, la pantalla grande le fue esquiva en su momento, y en 1925 Clark Gable, probó suerte en Broadway. Tendría un par de éxitos en las tablas neoyorquinas, mas la Gran Depresión de 1929 y la llegada del cine sonoro desmoronarían sus logros.

En 1930, Metro Goldwyn Mayer le ofreció su primer rol en “El desierto pintado” (1931), western por el que recibiría innumerables cartas de mujeres declarándole su amor. El mismo año de su debut, Josephine y Clark se divorciaron. A los 30 años, Gable contrajo segundas nupcias en 1931 con Maria Franklin Prentiss, de 44 años, personaje de la socialité de Texas.

MGM afirmó sus ganancias con la contratación de Clark. Las chicas lo adoraban y los hombres le envidiaban. Llegó a actuar con importantes divas como Joan Crawford en “Bailen, tontos, bailen” (1931) y con Norma Shearer en “Alma libre” (1931), por nombrar algunas.

En 1934 vendría su gran oportunidad: “Sucedió en una noche” (1934), de Frank Capra, trabajo que lo llevó a ganar su primer y único Óscar. Años después sería reconocido por su rol en “Lo que el viento se llevó” (1939), donde reemplazó a Gary Cooper, para encarnar al rebelde “Rhett Butler”. Éste sería el primer filme technicolor del ídolo y le significó su sexta y última nominación al premio de la Academia. Su personaje quedó registrado para siempre en los anales del cine.  

GRANDES TRAGEDIAS
Su matrimonio con la rubia Carole Lombard (“La porfiada Irene”) en 1939, sin duda, sería el tiempo más pleno de su existencia. Él tenía 38 años y ella, 31. Carole estabilizaría su vida. Compraron un rancho en Encino y el acérrimo republicano y la totalmente liberal demócrata fueron inmensamente felices. En 1940, ella quedó embarazada, no obstante, sufrió un aborto espontáneo.

La tragedia seguiría a los Gable Lombard. El 16 de enero de 1942, Carole regresaba a casa luego de terminar de rodar “Ser o no ser”, y el avión en el que viajaba se estrelló contra un cerro. La muerte de su mujer lo hizo caer en la bebida e incluso intentó suicidarse corriendo en moto a alta velocidad. Pasado un tiempo, y con 41 años, se enlistó al Ejército de los Estados Unidos.

La soledad lo llevó a volver al altar a los 48 años con Sylvia Ashley, de 32; era 1949. La unión duraría 3 años. La actriz Kay Williams, de 44 años, sería su quinta y última esposa, cuando él ya cumplía los 59. Con ella tuvo a su primer hijo: John Clark Gable, quien nacería meses después de su muerte.

“Los inadaptados” (1961) sería su último título. Allí compartió escena con su gran amiga Marilyn Monroe. Para Clark, éste fue su mejor trabajo, cuyo estreno no alcanzó a presenciar. El 16 de noviembre de 1960, y con 59 años, sufrió un ataque al corazón, uno cansado, que tuvo que sufrir por las mujeres que más quiso. Era tiempo de partir para Gable, el ícono carismático. Era tiempo de ir por Carole y descansar en paz.

Seis décadas más tarde, el 22 de febrero de 2019, el protagonista de la tragedia sería su nieto Clark James Gable, hijo de su primogénito. Encontraría la muerte a los 30 años debido a una larga lucha de adicción a las drogas. Atractivo como su abuelo, trabajó desde joven como modelo y animador televisivo. 

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